La semana pasada, como informó por múltiples medios de comunicación, el Secretario de Defensa de México, General Luis Cresencio Sandoval, confirmó que soldados habían resultado heridos o muertos como resultado de cartel drones lanza-bombas.
Aunque Sandoval no facilitó cifras concretas de víctimas, confirmó que la mayoría de los ataques mortales se produjeron en Michoacán, una región sumida en un intenso conflicto. El Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG) lucha encarnizadamente contra las bandas locales por el control territorial en este estado occidental.
“Nuestro personal ha sufrido heridas, y algunas de nuestras tropas incluso han muerto en estos ataques”, declaró Sandoval. Estas declaraciones suponen un notable cambio respecto a las anteriores, en las que sólo se reconocían las heridas causadas por artefactos explosivos improvisados (IED) en la zona. Aunque el momento exacto de estos dron ataques no ha sido revelada, Sandoval sugirió que se dirigían principalmente contra unidades de patrulla del ejército. Sandoval declaró que el ejército estaba adquiriendo anti-drones sistemas para combatir la amenaza.
“Lo que buscamos con este equipo antidrones es tener la capacidad de seguridad, de la que carecemos, para nuestro personal que realiza reconocimientos y patrullas”, dijo Sandoval.
A pesar de la creciente amenaza de los ataques aéreos, Sandoval subrayó que las bombas colocadas al borde de las carreteras siguen siendo un peligro más frecuente para las unidades del ejército. El uso por parte de los cárteles de artefactos explosivos improvisados, trincheras, fortines, vehículos blindados de fabricación casera y rifles de francotirador ha transformado Michoacán en una zona de guerra. Esta militarización de las tácticas de los cárteles subraya su determinación de controlar las lucrativas rutas y territorios del narcotráfico.
El CJNG, una de las organizaciones de narcotraficantes más poderosas y violentas de México, ha liderado este conflicto. Su innovador uso de drones para lanzar explosivos marca una importante escalada en la tecnología y los métodos empleados por los cárteles. Este avance no sólo supone una grave amenaza para las fuerzas de seguridad mexicanas, sino que también significa una peligrosa evolución en la guerra entre cárteles.
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