La actividad de los drones sobre las prisiones ha cambiado en los últimos años. Antes era esporádica, pero ahora es uno de los problemas de seguridad más persistentes de las instituciones penitenciarias.
Lo que antes era un incidente ocasional es ahora, en muchos casos, un hecho rutinario. En Estados Unidos, la Oficina Federal de Prisiones informó de 479 incidentes con drones en cárceles federales en 2024, frente a solo 23 incidentes en 2018.
A pesar del aumento de la inversión en medidas de seguridad, que incluyen barreras físicas y tecnologías específicas contra drones, el problema sigue creciendo. Esto se explica por una combinación de incentivos, limitaciones estructurales, capacidades desiguales y un adversario que se ha adaptado rápidamente para explotarlas.